Dialogo interreligioso en Cajigar

sábado 7 de junio a las 18:00, en la plaza de la iglesia (Cajigar)
con Damien Jampa

PRESENTACIÓN DEL COLOQUIO “Respuestas humanas ante un mundo incierto ¿La espiritualidad puede ayudar?”

Hay dos hechos que han sido observados en todas las culturas universalmente y a lo largo del tiempo:
-la humanidad se ha cuestionado siempre las grandes preguntas fundamentales: quienes somos, de dónde venimos, adonde vamos.
-además desde las primeras civilizaciones orientales y clásicas a lo ancho del mundo aparecieron escritos que relatan lo que hoy en día se describe como sufrimiento existencial: una pena en forma de angustia y sensación de vacío que se revela al enfrentarse a situaciones complejas y que se relaciona con la falta de sentido de la vida. Si observamos a nivel personal de qué está hecho ese sufrimiento encontramos miedo, soledad, sensación de vacío.

¿Qué situaciones son importantes y representan dificultades para nosotros?
– Con respecto a mí: mi salud, mi equilibrio, mi economía
– Con respecto a los demás: las relaciones interpersonales, los problemas de seres queridos,
– Con respecto al mundo: la inestabilidad de la economía global, la pobreza, el problema medioambiental, los conflictos y guerras
Cada uno de estos aspectos representa un problema grande o pequeño para nosotros pero hoy queremos centrarnos aquí en el dolor con respecto al mundo. Vivimos un momento histórico de gran aceleración donde se mezcla grandes avances tecnológicos, mientras aún no se han resuelto los problemas de hambre, pobreza y guerras, y cuando los valores éticos y humanos son más hipocresía que realidad.

En la historia del mundo han ocurrido muchas situaciones de crisis devastadoras como las guerras mundiales o por catástrofes naturales que han supuesto cambios drásticos, reorganizaciones globales en las sociedades. Cada generación y zona del mundo ha tenido que hacer frente a situaciones de gran estrés por crisis, cambio de condiciones, falta de recursos, etc. En nuestro caso, en los últimos 20 años, el mundo está viviendo cambios a un ritmo demasiado acelerado para nuestra adaptación mental. La crisis medioambiental puede tener consecuencias terribles. Esto nos impacta psicológicamente a todos pero afectará directamente a las generaciones jóvenes.

Se habla de “dolor por el mundo” cuando dejamos de mirar las noticias por la desesperanza e impotencia que nos causan. Sentimos culpabilidad y miedo porque pertenecemos al bando con suerte que no sufre hambre o conflictos armados, mientras la población en otras zonas padece grandes sufrimientos. Aún así también sufrimos por la inseguridad laboral, el estrés, el agotamiento, el miedo hacia cambios futuros, la preocupación por nuestros hijos y nietos. Hay quien reacciona sin querer verlo, volviendo la cara, distrayéndose y buscando gratificación rápida en placeres rápidos, negando el problema de base. Otro tipo de respuesta es la indiferencia, el dejar de sentir, el aislarse del colectivo. Sea como sea, todas estas son reacciones humanas al dolor por el mundo.

¿Hay actitudes positivas a la hora de afrontar problemas acuciantes? ¿Como hicieron las sociedades del pasado para encarar sus respectivos retos? ¿Qué estoy haciendo yo ahora, cada día, para no angustiarme demasiado y sentir algo de confianza y energía? Estas son las preguntas que nos planteamos hoy.

Si analizamos los conflictos del pasado para la recuperación y la supervivencia ha sido esencial la solidaridad y la pertenencia a un grupo que ha cuidado de sus individuos. Aunque ante una crisis se puedan tomar todo tipo de acciones prácticas, todas pasan de una manera u otra por la implicación del colectivo, el cuidado de los más débiles y la cohesión grupal. Cuando después de una emergencia las personas has actuado con egoísmo, la recuperación ha tardado mucho en producirse. La cooperación y el altruismo son actitudes humanas universales pero también están asociadas a la espiritualidad. Entonces nos preguntamos: ¿pueden el resto de valores espirituales ser un apoyo en situaciones de caos?

Hablamos aquí de la espiritualidad entendida como un sentimiento individual de exploración o de pertenencia a algo más grande, algo trascendente, divino, superior, absoluto; ser parte de algo supremo que trasciende más allá de este mundo en el que hemos nacido. Es una experiencia subjetiva, personal; por un lado de admiración por el poder del amor y la bondad, y por el otro de asombro, de alegría por la maravilla, por lo divino, sagrado. Es una búsqueda de un significado elevado que explique nuestra corta vida y nuestra gran capacidad de pensamiento.

Para describir mejor el concepto, podemos decir que la ciencia es una disciplina objetiva que investiga la naturaleza de las cosas, de lo material, mientras que la espiritualidad es una experiencia personal con la que investigamos la naturaleza de lo inmaterial: desde la conciencia, el alma, la mente hasta lo trascendente y divino. También se puede diferenciar espiritualidad de religión, diciendo que la religión es un sistema estructurado de prácticas, textos, ritos sobre una visión determinada de lo sagrado, sobre una cosmovisión concreta mientras que la espiritualidad es la experiencia personal subjetiva que sirve de base para el desarrollo de estructuras como las religiones.
Concretando: ¿qué herramientas pueden ayudarme a reconducir la inseguridad y desesperanza creciente que estoy sintiendo sobre el futuro? ¿Dónde puedo recargar las pilas de esperanza y energía que necesito para actuar en el mundo?

Para ello, ¿sirve llenar la mente de amor, de compasión, de bondad y dirigirla hacia todos los seres que sufren y que necesitan consuelo? ¿Me sirve tomar un compromiso activo por el bien de las personas y del mundo en general basado en actuar siempre éticamente y evitar lo indeseable para mí, para los demás y para el mundo? ¿Sirve buscar el beneficio de los demás antes que el mío propio? ¿Me sirve rezar, aspirar, hacer plegarias, rogar a nuestro dios o la madre naturaleza? ¿Sirve buscar a personas sabias y amorosas que me inspiran en mi práctica y seguir su ejemplo? ¿Sirve de algo practicar conectándose con la esencia divina y sentirse acogido en ese estado?

¿Para qué sirve todo esto hoy donde aquí somos potenciales adictos a internet y a unos miles de kilómetros otras personas van a sufrir desnutrición y muerte, en un mundo con mayor acceso a la educación y en el que preferimos las películas que acaban bien?